La explosión del 4 de agosto que destruyó el puerto de Beirut y la mitad de la ciudad es el resultado de 7 años de negligencia. Causada por el abandono y la corrupción de las facciones burguesas que han sostenido su dominio dividiendo y enfrentando al Líbano y al pueblo trabajador entre sí, como también por la desunión entre ellos, la gran explosión se convirtió en la gota que colmó el vaso tras la crisis del capitalismo y la pandemia.
El levantamiento del pueblo del Líbano, que continúa desde el 17 de octubre con reveses parciales y estallidos, está de nuevo en alza con la última explosión. Superando la división del país y habiéndose levantado, el pueblo, por un lado, está superando la explosión y completando el despeje de las ruinas mientras que, por el otro, se ha propuesto ocupar los edificios de dos ministerios y del Consejo de Bancos, por primera vez desde octubre. El primer ministro y el gobierno anunciaron sus renuncias, pero las demandas de la creciente sublevación del pueblo no se limitan a la dimisión del gobierno. Todo un sistema político está siendo cuestionado con su base social y económica, comenzando con el presidente Michel Aoun, con la remoción de la estructura política basada en la división religiosa y sectaria, una democratización ha entrado en la agenda del pueblo.
El desastre del 4 de agosto redobló el odio y la ira del pueblo hacia el sistema político sectario. Al mismo tiempo, las fracciones burguesas sectarias, que convirtieron al Líbano en un país de intervenciones extranjeras, encontraron las condiciones para la continuidad de su existencia y dominación en la división religiosa y sectaria que la han avivado perpetuamente y lo siguen haciendo. El sistema político actual fue establecido y es apoyado por los imperialistas, con una parte sostenida también por el sionismo israelí. La última visita de Macron, el representante de los imperialistas franceses, es una clara señal y expresión de este apoyo.
El pueblo, además de reclamar libertades básicas desatendidas por el sistema como las de expresión, reunión y organización, también expresa su enojo contra los resultados destructivos del capitalismo como el desempleo y la pobreza, que dieron lugar a su levantamiento el año pasado, y contra los intentos de descargar sobre el pueblo los resultados malditos de la crisis capitalista, que han alcanzado niveles insoportables, y quieren también un nuevo orden social en el que no duerman con hambre.
Que esta lucha popular sea una lucha unida, que trasciende la división sectaria, además de ser una conquista de esta, es una garantía fundamental para la consecución de la victoria.
En cuanto al estado de Ley Marcial declarado con el pretexto de enfrentar los efectos de la explosión, como en el ejemplo de Turquía, donde fue declarado después del golpe del 15 de julio de 2016 y utilizado por el régimen como palanca para reforzar su gobierno reaccionario, puede convertirse en un instrumento de represión de la lucha del pueblo.
Lo que el pueblo de Líbano necesita es el establecimiento de un poder popular en el que los trabajadores gobiernen directamente. Ese poder solo puede formarse y consolidarse mediante la lucha contra los enemigos internos y externos del pueblo, que son los imperialistas, los monopolios colaboracionistas y los señores de la guerra; para asegurar el éxito, la lucha de masas debe ampliarse a una lucha por el poder.
Como Conferencia Internacional de Organizaciones y Partidos Marxistas- Leninistas (CIPOML), apoyamos hasta el final las demandas y la lucha justa del pueblo libanés.
¡Solidaridad con la lucha del pueblo libanés!
Comité Coordinador, CIPOML
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